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El conflicto entre los ganaderos y la vida silvestre se intensifica a medida que el cambio climático empeora en Chile

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Los guanacos compiten por los pastos del ganado y es necesario buscar soluciones que permitan la coexistencia.

Científicos de la Universidad de La Serena, la Universidad de Newcastle (Reino Unido) y la Pontificia Universidad Católica de Chile encuestaron a los ganaderos para descubrir cuáles creían que eran los impulsores del conflicto entre las personas y los guanacos (una especie de camélidos silvestres estrechamente relacionados con la llama).

Los ganaderos culparon al aumento de la aridez por reducir la disponibilidad de pastos, lo que significaba que había más competencia por el pastoreo entre el ganado y los guanacos. A medida que el área se volvió más seca, se pensó que los guanacos bajaban de las montañas en busca de un mejor pastoreo, entrando en conflicto con los rebaños de ganado. Para reducir este problema, algunos ganaderos querían sacrificar a los guanacos como forma de proteger su ganado.

Los ganaderos tradicionales en el centro de Chile usan pastos de verano en la montaña de los Andes, donde el ganado pasta en áreas compartidas con la vida silvestre. Es aquí donde, en los últimos años, los conflictos se han intensificado entre las personas que tienen ganado y los servicios del Estado que protegen el medio ambiente debido a sus diferencias a la hora de gestionar la vida silvestre.

Los agricultores acusan al guanaco (Lama guanicoe), un herbívoro nativo vulnerable que está en las listas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), de competir por los pastos con el ganado. A su juicio, este problema se ha intensificado en los últimos años debido al aumento de la población de guanaco en la provincia de Petorca, en la región de Valparaíso, sobre todo durante el pastoreo de verano.

Solange Vargas, autora principal del trabajo e investigadora en la Universidad de La Serena, afirma que «el problema era más complejo de lo que parecía inicialmente. A primera vista, los agricultores estaban acusando solo al guanaco como causa de la competencia de los pastos. Sin embargo, hubo un elemento clave que finalmente causó la competencia por los pastos: el cambio climático».

Los agricultores afirmaron que los cambios en la cordillera se deben en última instancia al cambio climático, incluido el problema que finalmente se reflejaría en la competencia por los pastos. Niki Rust, investigador de la Universidad de Newcastle, y uno de los autores del estudio, asegura que «a medida que el cambio climático comienza a alterar nuestros entornos, estamos viendo una mayor competencia por los recursos entre las personas y la vida silvestre».

El problema aumentará

«Los incendios forestales en Australia, que según se afirma han aumentado en severidad este año debido al cambio climático, han provocado que humanos y animales salvajes compitan por la escasez de agua. Estos conflictos entre humanos y vida silvestre probablemente empeorarán a medida que aumenten las temperaturas globales, por eso es tan importante que actuemos ahora para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero», opina.

Pablo Castro Carrasco, científico de la Universidad de La Serena y otro de los autores del estudio, dice que «entender las creencias de los agricultores es clave, porque guían el comportamiento». En ese sentido, «las teorías subjetivas son importantes de entender en el contexto de la conservación, porque pueden inhibir o evitar que cambie el comportamiento de las personas».

«En este estudio, hemos visto que el conocimiento de los agricultores es muy importante para ayudarnos a buscar soluciones que permitan la coexistencia entre los guanacos y las actividades humanas», asegura. El conflicto de conservación entre el guanaco y el ganado es también un reflejo de otras demandas más profundas. Vargas explica que «cuando los agricultores afirman haber sido abandonados por el Estado y sus políticas públicas, se sienten relegados a un segundo lugar por debajo de las especies silvestres vulnerables y las utilizan para transmitir sus quejas».

«Esperamos que este estudio ayude a tener en cuenta que, al analizar estos problemas socioecológicos complejos, considerar el conocimiento ecológico de las comunidades locales es primordial», apunta.

Rust concluye que «debido a que el comportamiento humano es impulsado más a menudo por las percepciones de la realidad que por la realidad misma, deberíamos pasar más tiempo tratando de entender cómo la gente piensa que el mundo funciona y basando las intervenciones de conservación en estas percepciones, en lugar de centrarse exclusivamente en la educación como un forma de cambiar el comportamiento».

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