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Tortugas Sin Caparazón

Ha sido bautizada como ‘Odontochelys semitestacea’ (es decir, dentona y con medio caparazón). Se trata de la ‘abuela’ de todas las tortugas. Era asiática, acuática y vivió hace la friolera de 220 millones de años, durante el Triásico tardío, compartiendo el planeta con los dinosaurios. Por lo que los expertos han averiguado de su restos fosilizados, su caparación, tal como le conocemos hoy, aún no existía, aunque ya se le habían ensanchado y fusionado la columna vertebral y las costillas.

Su hallazgo, en la provinvicia de Guizhou (en China) ha ofrecido interesantes pistas sobre el pasado de estos vertebrados y ha echado por tierra teorías muy afianzadas, como la que indicaba que el caparazón se formó de la piel, como los osteodermos (placas óseas o escamas) de algunos dinosaurios.

El equipo científico, formado por chinos, canadienses y estadounidenses, encontró los fósiles de tres ejemplares de esta nueva especie en un estado de conservación excepcional. Incluso conservan todos los dientes, hasta unas piezas primitivas que ya no tienen, restos de un pico y una larga cola.

Hasta ahora, la más antigua tortuga conocida era la ‘Proganochelys’, de hace unos 210 millones de años, que fue descubierta en Alemania. Esta especie, sin embargo, ya tiene todo su caparazón completo y, por lo que se sabe, era terrestre. Sin embargo, la nueva ‘Odontochelys’ china posee un claro paso intermedio entre unas estructuras óseas fusionadas y un caparazón, algo que no se había visto hasta ahora.

"Desde 1880 ha habido muchas hipótesis sobre el origen del caparazón de las tortugas y ahora tenemos el fósil que apoya la teoría de que se formó de una extensión de la columna y las costillas, en lugar de placas óseas de la piel", explica Xiao-Chun Wu, del Museo de la Naturaleza de Canadá.

El hallazgo, según los autores del trabajo, que publican en la revista ‘Nature’ esta semana, confirma también otra teoría: el pastron (la concha inferior de las tortugas) se formó antes que el caparazón superior, un proceso que hoy se observa en la formación de las crías dentro de los huevos.

Los paleontólogos explican esta circunstancia en el hecho de que fueron desde el principio animales marinos, y no terrestres (como sugieren otros fósiles), por lo que el plastron les protegía de los depredadores mientras estaban nadando. Arguyen que si hubieran sido terrestres, no habría necesitado ese protector inferior, puesto que sus vientres darían con la tierra.

Discrepancias científicas

Sin embargo, no todos los expertos en la materia están de acuerdo con estas conclusiones. Robert R. Reisz y Jan J. Head, en un artículo en la misma revista, reconocen la importancia del hallazgo del fósil, el más antiguo conocido de una tortuga, pero difieren sobre la interpretación.

Ambos consideran que "la ausencia de la mayor parte del caparazón superior es una característica asociada a hábitats acuáticos, más que una condición primitiva del animal". Es decir, que habría sido en sus orígenes una tortuga terrestre que se adaptó a vivir en el agua.

No obstante, señalan que "estas antiguas tortugas demuestran el valor de los nuevos descubrimientos de fósiles que pueden cambiar nuestra comprensión de la historia de los vertebrados".

Fuente: El Mundo – España

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